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Por qué será que uno no dice todo lo que siente? O no siente todo lo que dice?
A quién protegemos realmente cuando “callamos” ciertas verdades?
Estamos protegiendo al otro para que no sufra o nos estamos protegiendo a nosotros mismos de situaciones o reacciones que no queremos enfrentar?
Muchas veces decimos: “no le voy a decir la verdad porque no quiero lastimarlo/a; prefiero mentirle así no sufre.”
En realidad en ese momento estamos privando a la otra persona de conocer la verdad. Una realidad que le pertenece, porque forma parte de ella.
Mi psicóloga (gran maestra) me dijo una vez frente a una situación: “si no le decís la verdad es porque crees que el otro no es lo suficientemente fuerte para bancarse la realidad, y así estas poniendo a la otra persona en un lugar poco digno.”
Me quedó sonando demasiado esa frase. Y ahí analicé:
Uno a veces quiere proteger al otro, cuidarlo, no lastimarlo y toma decisiones (egoístas quizás) que cree que son lo mejor para la otra persona. Pero en realidad, muchas veces, eso que nosotros no decimos es lo que el otro necesita escuchar, por más doloroso o fuerte que sea.
La verdad, a veces, duele, lastima. Puede gustarnos o no. Podemos aceptarla o rechazarla, compartirla o negarla, pero no oírla nos haría necios, ignorantes, irrealistas.
Cuando alguien nos dice la verdad, por más triste que sea, hay que ver el vaso medio lleno y pensar que para el otro significamos algo, somos DIGNOS de merecer la verdad y tenemos capacidad para enfrentarla.
Entonces, volviendo un poco al principio…
Cuando callamos verdades no siempre protegemos al otro, sino que lo ponemos en un lugar inferior y vulnerable…
Muchas veces no decimos lo que pensamos o sentimos por miedo, por vergüenza.
Es uno mismo el que no sabe como enfrentar esa realidad de la que se tiene que hacer cargo. Que la tiene delante de sus ojos, pero no en sus manos, no puede manejarla, expresarla.
Callarse, mentir, ocultar no siempre es una manera de proteger sino una manera de lastimar más ….
